El Libro del Génesis, con bella imagen poética, presenta a Dios que baja a platicar con la primera pareja humana. De esta manera quiere resaltar la buena relacion que existe entre aquellos esposos y Dios. Hay oración. Hay armonia, gozo, serenidad. En el instante que ellos pierden su "comunicacion" --oración-- con Dios. llega la turbación, el miedo, el conflicto matrimonial: comienzan a inculparse mutuamente por la frustración por la que están pasando.

Una de las cosas que más impreciona es que son muchos los matrimonios que no oran juntos. Que no se atreven a hacerlo. Que hasta les parece fuera de lugar. Tienen muchas cosas en común: la casa, los hijos, el auto, la cama, la mesa; pero Jesús no está en medio de ellos. No oran juntos. Todo esto es producto de una mala educación religiosa. No se ha enseñado a los matrimonios a orar juntos. Los hijos no ven a sus padres orando el uno a la par del otro, y , por eso, desconocen lo que es la oración de los esposos.

TOBIAS y SARA tenían muchas dificultades para su matrimonio. Fuerzas misteriosas se oponían a su felicidad. Lo primero que hicieron estos jóvenes esposos fue ponerse de rodillas e implorar la protección de Dios. En esta forma pudieron derrotar juntos el mal que los hostigaba.

Muchos matrimonios se encuentran totalmente desprotegidos contra los innumerables males que acechan a los matrimonios. Si esposo y esposa oraran juntos, serian una fuerza poderosa contra el mal, atraerían múltiples bendiciones a sus hogares.

Es por eso urgente que esposo y esposa se preocupen por revisar esta área espiritual de su vida: su oración en común, en familia. No es posible que falte algo tan esencial para la bendición del hogar. Esposo y esposa no deben setirse tranquilos hasta que no logren rezar juntos. Es algo básico en su hogar. No es algo suplementario.

Sobre arena o sobre roca

Jesús hizo ver que una casa se puede construir sobre ARENA o sobre ROCA. El que construye sobre arena es un necio: verá como se derrumba su casa. El que construye sobre roca tendrá  la satisfacción de comprobar cómo su casa resiste las inclemencias del tiempo (cfr. Mt 7, 24-27).

Es asombroso ver cómo cuando los esposos forman un hogar en lo primero que piensan es en los muebles, en los electrodomésticos; hacen proyectos, presupuestos, pero en todo este inventario de cosas, no aparece para nada el puesto que Jesús debe ocupar en su casa. Propiamente están construyendo sobre arena. Posiblemente su casa tendrá una fachada muy llamativa; sus amigos podrán decir: "Qué bien les va!". El tiempo se encargará de hacer ver que esa casa estaba solamente construida sobre arena, sobre banalidades, sobre valores puramente materiales. Muchos matrimonios en conflicto creen que con ir de vacaciones a Miami; ya todo su problema está conjurado. Pero al volver de sus vacaciones, traen de nuevo su problema, ya que su conflicto no es de tipo geográfico, sino espiritual y sicológico. No tienen la bendición de Dios. Su hogar está cimentado sobre arena y, por eso mismo, no puede resistir las embestidas de los temporales.

A Jesús se le llama "roca de salvación". Cuando el Señor preside un hogar, la familia tiene la fortaleza de la roca. No se le asegura que no tendrá tempestades y que los rios desbordados no chocarán contra el hogar. Pero si están cimentados sobre la de Jesús, tendrán la suficiente fortaleza para hacerle frente a la infelicidad, al resentimiento, a los celos, a los problemas economicos.

"Si el  Señor no construye la casa ---dice el salmo 127---, en vano se cansan los albañiles". No puede existir hogar bien constituido espiritualmente, si Dios no ocupa el centro de ese hogar. Tarde o temprano comenzará a desmoronarse. 

Los constructores de la Torre de Babel demostraron su pericia como arquitectos; habian adelantado mucho en materia de ingenieria; habian logrado levantar grandes ZIGURATS, torres muy altas. Pero no contaban con la bendición de Dios; la habian despreciado. Cuando menos lo pensaron hubo confución. Conflictos. Tuvieron que separarse. De nada les sirvió su alta torre, ya que no podian vivir en ella. Los hogares sin Dios, sin Jesús están destinados al fracaso, a la confusión.